En la más absurda soledad, así se encontraba, sin poder
hallar la compañía esencial que hiciera que su mundo mejorase completamente. Se
sentía cada vez más, perdido y sin poder salir de la oscura y fría cárcel en la
que su alma se encontraba sin poder saber qué se escondía tras esos barrotes.
Pensaba que tras los barrotes, habría luz, habría eso que tanto había estado
buscando. Por ello, había decidido escapar por los medios que fuesen de aquel
lugar lúgubre y sin síntomas de vida por ninguna parte, solo su aliento.
Planeó cuantas cosas podía hacer, pero el agotamiento era
tal que su cuerpo no le permitía seguir adelante. Sin embargo, no desistió,
creía que con una mínima posibilidad podría salir de allí. Así fue, como un
día, o varios, no sé bien cuántos habrían pasado hasta que lo descubrió; vio
que tras los barrotes ya se podía vislumbrar una luz.
Sin embargo, creía que esa luz no era más que alucinaciones
suyas y por ello no pretendería ilusionarse con ello, pues que ya se había
ilusionado otras veces con lo mismo, y no por ello le fue mejor. Incluso le fue
peor. Pero esta vez, aunque no se ilusionase, no estaba dispuesto a perder esa
oportunidad de seguir y alcanzar esa luz que lo sacase de aquel lugar frío y
melancólico en el que tanto tiempo había desperdiciado. Y un nuevo comienzo,
pero no sabía si ese comienzo iba a ser para bien o para mal, pero le daba
igual