sábado, 17 de septiembre de 2011

Ser como se es.


Capítulo 2: En la ciudad.
Él, sintiendo con todo su corazón  el dolor, la desesperación… por haberla abandonado solo dejándole una carta donde expresaba sus dudas y sus razones  del motivo de su marcha, llega a una ciudad. Al llegar se siente abrumado porque nunca antes había estado en una.  Cuando llegó se quedó impresionado por los altos edificios, tantos coches, es decir todo lo distinto a su pueblo. Y que de ahora en adelante era eso siempre lo que iba a ver si vivía en la ciudad: los maravillosos edificios modernos, también los empalagosos edifico antiguos, todo le parecía nuevo y maravilloso. Pero esto claro, ocurría mientras el aún recordaba lo que había dejado en el pueblo, donde había vivido desde que nació, a la mujer de su vida, quien le quiso por encima de todo y de todos.

Mientras tanto habían transcurrido tres días desde que él se marchó del pueblo dejando a su amada allí. Ella seguía su vida como profesora de primaria en el pueblo, pero aun así no podía olvidarse de él y de la carta que le dejó y que tan tristemente leyó un día que ella nunca olvidara. Ahora ella mantenía su cabeza ocupada en cualquier cosa, pues así intentaba no recordarlo siempre  y no se sentiría tan mal. El mientras tanto se había situado en la ciudad, por fin había sido aceptado tal como es por las personas y ahora podría ser más o menos feliz, porque siempre que se acordaba de ella esa felicidad decaía entre montones y montones de pensamientos, recuerdos, emociones... que sintió con ella y que le hacen sentirse mal. Aun así el creía que había hecho lo mejor para los dos, porque ahora la gente del pueblo no se metería con ella y el ya podía sentirse aceptado por los demás.


Así transcurrieron tres años desde que se había marchado del pueblo, ahora cada uno había hecho más o menos su vida sin el otro: él tenía un estupendo trabajo donde le pagaban muy bien, pero aun así nunca había conseguido olvidarse de ella. En cambio ella seguía trabajando como profesora, se había casado con uno del pueblo y tenía una hija. El sin saber nada  de esto se propuso así mismo ir a visitarla y pedirle que si no era muy tarde que lo perdonara y que nunca le había dejado de amar. Así emprendió su vuelta al pueblo donde nadie nunca lo había aceptado y él no sabía la razón.

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