Esta es la historia, la historia de un niño que veía su
infancia transcurrir a través de una bola de cristal. Una bola hecha a su
media, que había ido creciendo con él, nunca supo la razón de la existencia de
esa bola de cristal, la razón por la que estar encerrado. Así vivió en su bola
de cristal desde que nació. Pero claro era un niño su máxima preocupación era
jugar. Hasta que creció y vio que a través de la bola se veía a otros niños, otros
niños como él, más niños encerrados en bolas de cristal. Pero nadie entendía
porque estaban encerrados. Así fueron creciendo a medida que pasaban los años,
los años transcurrían y nadie tenía alguna respuesta al porqué de estar
encerrados en bola de cristal. Temerosos los niños ya adultos se agruparon
todos en un mismo lugar para decidir qué hacer, pero no podían comunicarse
entre ellos. Sólo los gestos servían para decir algo de vez en cuando. Hasta que
un día, al niño de mi historia por casualidad le dio por gritar preso por el
silencio, grito y grito todo lo que pudo, hasta que la bola de cristal se rompió.
Se dio cuenta de que estaba respirando un aire distinto, que veía todo
distinto. Decidió ayudar a los demás, e intento decirles que lo único que debían
hacer era gritar todo lo que sientan. Expresar sus sentimientos. Los niños ya
adultos cansados de todo decidieron gritar tanto como pudieron. Se desahogaron
y gritaron tanto que todas las bolas de cristal se rompieron. Así el silencio
abrumador que antes había se acabó entre sonidos del cristal cayendo al suelo y
los gritos de felicidad de cada uno. Ahora sabían que la mejor forma de superar
todo era expresarse, no tener miedo nunca.
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